Las supersticiones de los mortales describen prolijamente los medios por los que un vampiro puede empezar a existir. Estos medios van desde los previsiblemente religiosos a los totalmente estrafalarios, y pueden dar para una entretenida tarde de lectura, aparte de la diversión sirven para poco más.


     El primero y más habitual de estos mitos es la leyenda de que cualquiera mordido por un vampiro se convertirá a su vez en vampiro. Así, cada vez que un vampiro se alimente, creara otro de su especie. Uno se pregunta como es que aún quedan mortales en este mundo. Igualmente, un cadáver puede convertirse en cadáver en vampiro si fuese un suicida, un perjuro o un miembro de un linaje corrompido. Como antes el mundo no estaría poblado de otra cosa que de vampiros.


     Hasta donde se sabe, no hay muchos vampiros sobre este planeta, de hecho solo hay un medio por el cuál un mortal pueda convertirse en vampiro, uno debe perder toda su sangre de mortal, pero esto es sólo parte del horror, si no se hace nada a continuación; el colmillo matara tan permanentemente como la espada o la bala.


     Cuando la mortalidad se balancea al borde de la extinción, mientras la carne muere lentamente, el vampiro atacante puede decidir apartar a la victima de la muerte o denegarle la gracia del Cielo. Al sustituir la sangre mortal robada por un poco de la propia sangre del vampiro, se crea una Progenie, pero una sola gota de sangre sobre los labios del moribundo le estimula lo bastante como para beber de la muñeca de su Sire.


     Para los vampiros en lo que respecta a las muertes esta es con seguridad la menos molesta. Es como si su experiencia fuera un sueño extraño y algo inquietante. En la lejanía de la tibia y suave oscuridad de su mente falleciente, se dan cuenta de una luz y saben que ahí es donde deben ir y una vez llegas allí, todo irá bien, y comienzan a dejarse llevar hacia ella.