La Bestia brama constantemente pidiendo su liberación, y solo los más fuertes podrán retenerla. A veces, rompe sus ataduras y corre desenfrenadamente hasta que se la vuelve a capturar. La tensión del Autocontrol y los vergonzosos recuerdos de los controles fallidos son ya bastante difíciles de soportar. Pero peor aún es la Conciencia, de que estas cosas sin duda ocurrirán de nuevo a lo largo de las décadas y los siglos. Ser un vampiro es vivir al filo de la locura. La dedicación obsesiva a alguna tarea auto impuesta puede ayudar a apartar la desesperación de la mente.


     Algunos hablan de la Golconda, la Salvación del vampiro. Tanto las tradiciones mortales como las de los Vástagos nos niegan la gracia del Cielo, pero en la Golconda buscamos la liberación del Enigma. Es una inmovilidad total, en la que una persona puede equilibrar Hombre y Bestia para que ya no sea necesaria la lucha. Se conoce escasísimos Vástagos que hayan alcanzado este estado de bendición, pero todos lo desean como los mortales el Cielo.