VISIRES Y TAUMATURGIA

Una explicación interpretativa de lo que es la Taumaturgia que usan los Visires del Monte Alamut. Con fragmentos transcrito de "El Libro de la Sangre".


     Habían sido tres meses de larga cacería pero el hecho de que la presa fuera tan especial había hecho que el tiempo pasara volando, recurriendo a contactos, sobornando autoridades, "subcontratando" servicios a otros Assamitas; pero estaba contento. No todos los días se captura un Tremere de tal poder, ni se tiene la oportunidad de obtener una pequeña venganza contra el odiado clan, y Marcius no era precisamente un pelele. Y en ese momento ahí estaba, a mi merced. Sus manos quemadas hasta la muñeca con ácido, su capacidad física reducida por la Extinción, dedos atados a la espalda, desnudo por completo para que no pueda esconder ningún artefacto mágico. Y su cara, ¡ah su cara!, una mueca de sorpresa y sólo una única pregunta: ¿Cómo?.

     -Tenía guardias humanos, ghoules expertos en combate con y sin armas, glifos de protección creados con complejos rituales, además de mi elevado Auspex para poder detectarte ofuscado pues sabía que mi cabeza tenía precio; pero aun así estoy ante la muerte definitiva. Dime CÓMO.


     Sonreí socarronamente antes de contestar "secreto de clan". Pero cogí una silla y saqué un pitillo de mi gabardina. Sabía que con uno de mis esputos sanguinolentos podía acabar con él antes de que pudiera hacer nada, por lo que decidí satisfacer su curiosidad.


     -Actué en una noche propicia con la ayuda de Los Vientos Del Cazador.


     -Explícate, pues no te entiendo.


     -Vosotros sois tan ciegos que creéis que la Taumaturgia empieza y termina con vosotros, pero los visires son grandes taumaturgos al servicio de Haquim y sus hijos; ellos me proporcionaron la llave que me permitió burlar de manera tan clara tu seguridad. Faltan varias horas para amanecer, así que vas a saber algo que ningún otro vampiro vivo no formado en Alamut sabe. Vosotros sólo existís desde hace unos pocos cientos de años, pero nosotros llevamos miles cazando a nuestro antojo. Déjame explicarte algo de la magia que aprendimos...


     Los lejanos visires del Clan Assamita contemplan las carnicerías fruto de la intervención de sus jóvenes con estudiada afectación. Se han retirado al Monte Alamut en busca de las revelaciones místicas que provoca la exposición al kalif. El kalif es un derivado de las hojas y la resina de una planta que crece por medios hechiceros; sus propiedades alteradoras de la consciencia hacen que su primo común, el cannabis, empalidezca al compararlos. Ya que la sangre de los vampiros no circula, los visires deben llegar a cualquier extremo con tal de disfrutar de los efectos de su droga favorita. Atiborran a sus sirvientes con el humo de la droga y después beben su sangre, inundando su sistema circulatorio con las toxinas deseadas. Los visires no tienen problemas de abastecimiento en lo que respecta a esclavos que quieran pasarse el resto de sus vidas dando caladas del todopoderoso narcótico. A los usuarios no les importa que el hábito continuado acorte su esperanza de vida en decenas de años. De hecho, algunos Assamitas han señalado que algunos aprendices previos a su Abrazo sirven como recipientes para los hechiceros del kalif.

Raíces

     Los hechiceros Assamitas consideran que están por encima de los insignificantes conceptos de la lealtad de la cultura y la prudencia de la tradición. Como creaciones humanas, las tradiciones mágicas no merecen más atención que cualquier otro invento potencialmente útil. Deberían y deben adaptarse para alcanzar los objetivos del visir. Con todo, su experiencia y sabiduría sigue estando limitada en gran medida a las antiguas tradiciones del Medio Oriente. Sus esfuerzos por aumentar su enfoque sincrético a fin de incorporar técnicas útiles de otras culturas más alejadas han quedado estancados en la sempiterna estrechez de miras que aflige a los vampiros cuando se trata de innovar. Sólo tres tradiciones aportan algo de veras a la tradición Assamita en nuestras noches.

Magias Altas y Bajas de Mesopotamia

     La magia alta de Mesopotamia, esgrimida por los sacerdotes y reyes-sacerdotes babilonios, giraba en torno al mantenimiento de la fertilidad de las tierras y a un orden social jerarquizado. Cuando vosotros no erais más que ganado, nosotros ya interveníamos, observábamos, y tomábamos aquello que queríamos. Estos dos factores que acabo de nombrarte estaban relacionados entre sí; el papel especializado de muchos miembros de la sociedad babilonia no habría sido posible sin la abundantes cosechas. En el mito mesopotámico original, el rey-dios Marduk se enfrenta a Tiamat, el Dragón del Caos, y perece, aunque más tarde consigue resucitar y derrota al dragón, devolviéndole a la tierra su paz y su fertilidad. Los reyes mortales llevaban a cabo ceremonias para recordar las hazañas de Marduk y compartir su poder. Todos los años, el rey sagrado debía permitir que un sacerdote le golpeara en el rostro; si se le saltaban las lágrimas a causa del golpe, la fertilidad estaba asegurada. Siguieron otros muchos ritos de fertilidad, incluida una boda anual con una sacerdotisa sagrada que representaba a la diosa de la potencia femenina. Ahora el clan repite las variantes de estos rituales para nuestros propios fines. El temible ritual de la diablerie, el rito de Marduck Muerto y Resucitado, parodia estas antiguas costumbre; aquí, las lágrimas que derrame el alto sacerdote al que golpeen son lágrimas de sangre, y su aparición señala que la víctima está condenada.


     Así que, ya ves. Ni vuestra maldición ha logrado que sigamos consumiendo vuestra sangre.


     La magia menor de Mesopotamia incluía la adivinación, que determinaba los días propicios y los inapropiados para cualquier acción utilizando un calendario lunar y un efemérides astrológico que predecía los ciclos de la fortuna para los siguientes 473.000 años. Los magos interpretaban los sueños y practicaban la aruspicina, auspicios leídos en las entrañas de corderos sacrificados. La gente normal siempre estaba asustada de los fantasmas y los demonios; los sacerdotes-brujos se protegían de tan maligna influencia consultando a exorcistas y portando amuletos y talismanes protectores. Los amuletos eran objetos mágicos prefabricados diseñados para desviar maldiciones comunes, mientras que los magos construían los talismanes a modo de ayuda de un solo uso en el desarrollo de algún logro mágico en especial. Los actos que alteraban el orden social no sólo traían mala suerte, sino la atención de criaturas malignas sobrenaturales que habitaban en los desiertos, en los cementerios y en las esquinas. Los magos negros herían a sus víctimas con ayuda de maldiciones, que podían lanzarse desde lejos. La saliva, considerada más potente que la sangre, le daba fuerza a sus maldiciones. También las lanzaban realizando un retrato de la víctima y destruyéndolo más tarde.


     ¿Creías acaso qué nuestra capacidad para lanzar esputos sanguinolentos era mera casualidad? Cuando el hombre apenas era hombre nosotros ya estuvimos allí y juntamos el poder de los dos mundos, el humano y el vampírico: La saliva y la sangre en un último acto de destrucción absoluta. ¡Oh sí! Así mismo, los primeros talismanes también fueron obra de nuestros visires infiltrados en los zigurats de la antigua Babilonia.

Persia: Ritos de Mitra

     En la antigua Persia, los primeros seguidores del dios-sol, Mitra, comulgaban con su deidad por medio de ritos de intoxicación ritual. Los sacerdotes llamados magi promulgaban su adoración, proporcionándonos la raíz para la palabra "magia". La religión persa sufrió una revolución en el siglo VII a.C., cuando el profeta Zoroastro (a veces llamado Zaratrustra) reveló, en el texto sagrado Zend-Avesta, que todos los conflictos del mundo no eran sino la manifestación de la batalla cósmica entre las fuerzas del bien y del mal. La deidad suprema Ahura Mazda encabezaba las huestes del bien; el destructivo dios Ahriman guiaba las hordas del mal. Zoroaster reveló que Mitra era el hijo de Ahura Mazda, y lo incorporó a las ceremonias en las que los ritualistas conseguían entrar en comunión con lo divino al beber el jugo fermentado de la planta ahoma. Como Mitra, relacionados con la magia, y en los últimos tiempos del Imperio Romano disfrutó del resurgir de su culto como alternativa pagana a Cristo. Los cultistas romanos, incluidos muchos soldados y el Emperador Juliano, añadieron el sacrificio de toros a las ceremonias extáticas; el que fuera a disfrutar del favor de Mitra debía sentarse en el interior de un foso y dejar que la sangre del toro le bañara la cabeza y los hombros. Varias facciones de vampiros entre la clase dirigente romana fomentaron su culto; la sed de sangre de Mitra lo convertía en un dios sol al que podían apoyar entusiasmados. También favorecían a Mitra confiando que su popularidad pudiera contener el auge de esa molestia llamada fe; su culto se centraba en la experiencia, no en el credo. Perdieron la apuesta y Mitra cayó en el olvido; excepto para los Assamitas, que encontramos elementos que merecía la pena incluir en nuestros ritos.


     De hecho el culto de Mitra nos permitió introducirnos subrepticiamente en el Imperio Romano, pues eran nuestros criados aquellos que venían de tierras lejanas a oficiar como sacerdotes. Y fue por nuestro culto a Mitra que los Ventrue y Malkavians romanos descuidaron primero su gobierno y después sus fronteras tal y como deseábamos. Porque por supuesto que muchos de mis hermanos formaron parte de las migraciones germánicas, aprovechando el caos y el descontrol para cazar a todos los vampiros romanos. El saqueo de Roma puedes atribuirle la mitad del mérito a los Demonios de los Cárpatos, la otra mitad es mérito nuestro

Fusión de Tradiciones

     Los visires Assamitas tomaron los ritos extáticos persas del haoma como la base de su magia, reemplazando este brebaje fermentado por el humo más fuerte del kalif. Se pasaban meses en trances inducidos por la droga; si salieran a cazar, todos sus planes de estudio se detendrían o incluso podrían llegar a tener el efecto contrario. Los visires confían en sus jóvenes para que les traigan la sangre que aún siguen necesitando para sobrevivir, y entienden que deben ofrecer algo realmente valioso a cambio de un servicio del que dependen tanto. Con tal fin, le han robado un tiempo precioso a sus estudios puramente místicos a fin de desarrollar métodos de ayuda para sus compañeros de clan sin abandonar los confines de su retiro montañoso. Los visires combinan el calendario mesopotámico de 473.000 años de augurio y la práctica de la lectura de las entrañas con la kinanah árabe para escoger los momentos más propicios para efectuar un ataque. Utilizan shir para ocultar aquellos que los alimentan con las habilidades de ofuscación de los poderosos djinn. Con saliva ensangrentada, con retratos rotos, y con los nombres de fantasmas y demonios, maldicen al blanco de una cacería. Recurren a la alquimia para encerrar sus encantamientos dentro de pociones y amuletos, para que puedan ser activados cuando sea necesario. Como parodia de los más elevados ritos a Mitra, fortalecen a los cazadores favorecidos con bautismos de sangre. Los visires deforman los ritos de fertilidad de la antigua Babilonia para proporcionarle suerte y poder a todo el clan, un uso de la alta magia mesopotámica que conlleva un efecto secundario muy útil: vincula a todos los que se beneficien de él dentro de un orden social, cimentando la lealtad de los demás Assamitas hacia sus visires. Por ejemplo, en un reciente intento por restablecer su influencia sobre algunos subordinados cada vez más nómadas, los visires invitaron a una selección de los asesinos más temibles del clan al Monte Alamut para que participaran en dicho ritual social. Si bien los efectos a largo plazo del rito aún están por ver, ha aumentado la cooperación entre los asesinos de elite y los visires.


     Aunque nuestros ritos hagan referencia a Marduk o a Mitra y recurran a los relatos de sus mitos para inspirar sus rituales, los Assamitas no veneramos a estas deidades; nosotros no adoramos a los dioses... buscamos convertirnos en ellos.


     Los espíritus de las arenas han sido desde antaño nuestros aliados, los djinn nos han ayudado a arrasar con ciudades, mover legiones enteras durante las cruzadas o a hacernos uno con el desierto. Pero sólo gracias a la mediación de nuestros visires, pues son ellos los que hablan su lengua. Desde los primeros persas hasta el día de hoy. ¿Creías que Darío III fue derrotado por Alejandro Magno con fuerzas netamente inferiores en número por pura casualidad, por muy entrenadas que estuvieran? No, Darío no pagó el precio de sangre que exigíamos, mientras que Alejandro, gracias a sus contactos del otro lado del Egeo, sí sabía lo que deseábamos. Granico, Issos y Gaugamela fueron los lugares donde los visires concentraron a los djinnes en ayuda de Alejandro.


Búsqueda de la Divinidad

     Recurriendo a tradiciones aún más alejadas que aquellas del Oriente Medio a las que le deben su magia, los visires Assamitas creen que una noche podrán convertirse ellos mismos en entidades de gran poder, capaces de moldear el mundo a su imagen. El secreto de este poder transformador se puede encontrar en una realidad superior separada del mundo físico por una barrera que llaman el velo. Los visires emplean el kalif para rasgar ese velo. La planta de kalif debe regarse con sangre para que alcance todo su potencial alucinógeno; claro está que la sangre de otros vampiros produce las plantas más potentes. Los visires, por tanto, necesitan grandes cantidades de sangre para mantener sus invernaderos además de la que utilizan para alimentarse.


     La experiencia de cada visir en su búsqueda por rasgar el velo es distinta. Comparten sus visiones confiando así que podrán llegar a un acuerdo de realidad tras todas estas variantes de percepción. A medida que se alcanza el consenso, las visiones se tornan más parecidas. Muchos visires experimentan en la actualidad una visión como la descrita más abajo. Los que no, intentan forzar sus mentes para percibir una visión que encaje con el modelo aceptado.


     La experiencia comienza tras haber ingerido grandes cantidades de sangre kalif durante el transcurso de los ritos de misterio de Mitra. El individuo ve primero como los detalles del falso mundo (las baldosas y azulejos de la cámara ritual, las tuberías, las alfombras y murales) se deshacen en diminutas cabezas de alfiler que llegan a hacerse tan minúsculas que llegan a desaparecer. El celebrante no verá nada durante unos instantes. Entonces todo se vuelve de color rojo. Por fin aparecen una serie de formas geométricas, remolinos y conos sin fondo que parecen estar a punto de tragarse al visionario. El celebrante debe caminar hacia el interior de una espiral o caer dentro de un cono, tras lo que se encontrará al principio de una escalera que conduce hacia un arco. Cuando intenta ascender por la escalera, siente que una fuerza lo intenta detener. Le asaltan visiones de su vida, primero las negativas: recuerdos vergonzosos mantenidos en secreto, errores del pasado y fracasos traumáticos. Debe desechar tales visiones y concentrase sólo en la escalera. Si lo consigue, podrá subir un escalón, luego otro, y otro. Se precisa una gran concentración. En un momento dado llegan las visiones positivas: experiencias sensuales, recuerdos de amor y solaz, sentimientos de poder y control.


     Durante siglos los visires consideraron estas benditas alucinaciones como el resultado final de la experiencia. Se encontraban en un palacio de placeres, recorrido por suaves brisas, respirando la ambrosía que flota en el aire, con la posibilidad de dar rienda a cualquier capricho sin temer las consecuencias. Probaron una vitae tan sublime que les hacia estremecerse de placer. Con los sirvientes siempre serviciales e increíblemente hermosos de este reino paradisíaco, experimentaron dimensiones de placer erótico a mundos de distancia de los gruñidos y jadeos e imperativos biológicos de la sexualidad mortal. Estos acoplamientos parecían acercar a los participantes al contacto con lo divino.


     A medida que pasaban más y más tiempo explorando este reino, la presa de los visires sobre los asuntos de los Assamitas se iba relajando. Su indiferencia hacia los asuntos nocturnos los convirtieron, de atentos consejeros con voluntad de acero, en figuras distantes y aisladas de poca importancia para el miembro del clan medio.


     Al final, los visires concluyeron que aquel estado de gracia constituía una trampa espiritual. El placer constante, sin importar su intensidad, sólo podía conducir a un callejón sin salida en su búsqueda por el auténtico saber. Le drenaba su energía al alma, robaba el sentido del propósito del individuo, y embotaba la agudeza de la mente. Su magia tenía que consistir en algo más. Fue entonces cuando los visires se dieron cuenta de que la Estación del Último Éxtasis, como la apodaron, escondía algo aún más deseable: el secreto para convertirse en dioses de la sangre.


     La Estación del Último Éxtasis sigue interponiéndose en el camino del visir cada vez que intenta ascender la escalera hacia la verdad definitiva. Cada visir debe luchar para resistirse a sus encantos cada vez que practica este ritual. Estas tentaciones resultan más tenaces que las visiones negativas experimentadas con anterioridad en cada visión; ningún visir es capaz de apartarlas a un lado definitivamente. Si el místico consigue desembarazarse de ellas, le queda un largo camino por recorrer escaleras arriba, puesto que el número de escalones parece infinito. Si llega al final de las escaleras, apartará el velo y verá lo que hay detrás...


     El velo, El dorado de nuestros visires. Muy pocos fuera de la casta han llegado a poner en práctica esta parte de la Taumaturgia. Es peligroso ya que más de uno se ha vuelto completamente loco por no estar preparado ante las primeras visiones, y también un buen puñado nunca despertó después de llegar a la Estación del Último Éxtasis. Eran débiles y merecieron su destino.

Leer lo que piensa el Cielo

     La manipulación de la distancia es la especialidad de la hechicería Assamita; el hechicero les proporciona ventajas a cazadores a los que nunca tendrá por qué verles el rostro. Rastrea blancos desde miles de kilómetros de distancia, proporcionando información sobre sus debilidades. Los visires ven el siglo XX, la era en la que las telecomunicaciones condensaron el mundo en una única comunidad fraccionada y confusa, como la tanta tiempo profetizada edad de oro para los suyos. Para su sorpresa y desmayo inicial, han descubierto un sorprendente vínculo entre su tan ansiado estado de conciencia trascendental y la amalgama de ondas de radio, transmisiones por satélite y emisiones de televisión que empapan el mundo. A media que viajan escaleras arriba hacia el estado extático inducido por el kalif, pueden sintonizar sus mentes con la CNN o pinchar información del sistema de localización GPS. A este proceso lo llaman "leer lo que piensa el cielo". Cuando el hechicero lanza maldiciones para maldecir a enemigos del clan en otros continentes, hace que su malévola magia se refleje en las capas altas de la atmósfera, o que rebote entre las ondas de radio. Por lo menos, así es como sus mentes afectadas por el abuso de drogas ven ahora el funcionamiento de su magia. El hechicero puede escuchar a través del teléfono móvil de su víctima, sustituir las palabras de su interlocutor con un mensaje propio, abrir una ventana permanente al alma del individuo, o enviar un djinn para que cabalgue sobre esas señales hasta su fuente y maldiga a su enemigo. Un visir recientemente rastreó a un esquivo Setita con precio a su cabeza siguiendo sus compras de antigüedades egipcias en una página de subastas de Internet.


     Aunque muchos visires se dedican ahora entusiasmados a explorar esta recién descubierta conexión entre la conciencia ampliada y la red mundial de telecomunicaciones, algunos temen que sus colegas puedan estar tirando por la borda siglos de investigación seducidos por lo que consideran una distracción. Otros ven este divertimento como la menor de sus preocupaciones. Temen que las implicaciones que supondría el que esta red en la que se están metiendo tan a la ligera posea una conciencia trascendente propia, algo que se esté convirtiendo, con su descuidada ayuda, en algo mucho más poderoso que ellos mismos. Un visir yace ahora balbuciente e inmovilizado en un hospicio de Beirut, tras haber captado las transmisiones de un satélite mientras se encontraba en trance. Concluyó que los satélites se estaban comunicando entre sí, y de que había sido el sistema de telecomunicaciones el que había comenzado y puesto fin al reciente conflicto de Kosovo.


     ¿Le estarán dando sin querer los poderes divinos que pretenden conseguir para ellos? Desgraciadamente para ellos, los últimos acontecimientos dentro del clan no les deja otra salida que adentrarse aún más por este peligroso camino. Los aprendices Assamitas ya no les brindan más sangre a sus sires así como así; ahí fuera, cada hashishayin cuida de sí mismo. Los visires deben ofrecer algo interesante a cambio de la sangre que reciben. Sus cada vez más exigentes inferiores les piden garantías, y no se cortan a la hora de exponer sus condiciones. Una vez demuestran que son capaces de proporcionar algo de utilidad, los visires tienen que seguir proporcionándolo, si no quieren pasar hambre.


     Yo he visto a ese desgraciado en Beirut. Jura y perjura que eso es lo que oyó mientras gime en posición fetal. Aunque pueda ser cierto, cosa que dudo, de ser así, tal vez en cambio hayamos dado con el aliado último para exterminaros definitivamente. Dime pues, ¿cómo te puedes defender, por ejemplo, de un láser en el espacio? Hasta esa molestia, ese avispero que tenéis en Viena caería ante un asalto combinado de tal magnitud.


     Acababa de amanecer según mi reloj. Marcius me miraba con la cara desencajada por el horror y estupor que le había causado mi relato y revelación. Pero ya era hora de terminar. Me retiré a la esquina y abrí las contras de madera al tiempo que retiré el pesado cortinaje. Observé como ardía primero su piel, luego su carne y por último sus huesos. Chilló jurando venganza al principio, y pidiendo clemencia después. Nunca supo que me contrató su propio sire por hurgar demasiado en sus notas de trabajo. Cerré las contras y volví a pasar las cortinas mientras sacaba mi Guijarro De La Montaña y me puse en contacto con mi visir. Ya le podía asegurar que al día siguiente tendría sangre fresca con la que alimentarse y regar el kaliff.

Apéndice: Cómo Jugar con un Visir

     Las sendas de la hechicería Assamita, como las de la Taumaturgia general, precisan el gasto de un punto de sangre y una tirada de Fuerza de Voluntad, donde la dificultad es de tres + el nivel del poder. Fallar significa que el efecto no tiene lugar, mientras que fracasar le cuesta al personaje un punto permanente de Fuerza de Voluntad. Asimismo, cualquier personaje que pretenda jugar con un visir Assamita, debe saber que puede escoger Taumaturgia como disciplina de clan junto con Ofuscación y Celeridad. Por el contrario ya que los visires no trabajan en "campo abierto" no poseen acceso directo a la disciplina de Extinción (considérese como no de clan) aunque no debe de resultarle muy complicado el conseguir que un Assamita "de campo" le enseñe la disciplina.


     Decir que la senda de Los Vientos Del Cazador así como el ritual del Guijarro De La Montaña es material oficial de White Wolf que se encuentra recogido en este mismo suplemento