LAS TRIBUS PERDIDAS: TASMANOS.


     De todas las tribus perdidas, la de los Tasmanos es la baja más carente de sentido. Al contrario que la de los Croatanos, su muerte no consiguió nada. Al contrario que los Aulladores Blancos, no cayeron por su orgullo. Los Tasmanos desaparecieron por las traiciones de los Danzantes de la Espiral Negra y los irreflexivos prejuicios de los Garou, y no hubo nada noble en su muerte.


     Los Tasmanos se separaron de los demás al principio del Impergium. Asqueados por la violencia contra los humanos, pasaron a la Penumbra en busca de una tierra donde su único enemigo fuese el Wyrm. Finalmente, sus viajes les llevaron a Australia. Allí se establecieron, mezclándose con los aborígenes y los yabíes. La mezcla de sangre marsupial condicionó su forma, pero nunca perdieron el rastro de lo que era ser Garou. Enseñaron a su parentela la sabiduría de la Umbra y extendieron su espiritualidad entre las tribus nativas. Con los Tasmanos como sus protectores, los humanos locales no sintieron nunca el terror del Impergium.


     Pero cuando llegaron los europeos, les siguieron las demás tribus. Los Tasmanos se mantuvieron lejos de los recién llegados, prefiriendo esperar y observar. En cuanto a las otras tribus... bueno, sus reacciones fueron indescriptibles. Muchos pensaron que aquella tribu tanto tiempo separada eran alguna degenerada forma de Danzantes de la Espiral Negra, o que ni siquiera eran Garou. Los errores y malas interpretaciones crecieron y crecieron, y los Tasmanos se apartaron más de sus primos en la creencia de que los recién llegados eran enemigos del Tiempo Onírico.


     El golpe final llegó en la década de 1930. Uno de los más grandes héroes de los Garras Rojas en Australia, un guerrero llamado Cebador Del Wyrm, encontró el cadáver mutilado de su hermana abandonado sobre una roca que tenía grabado el símbolo de la Serpiente del Arco Iris. Inmediatamente sospechó de los extraños Tasmanos y convocó un consejo para pedir justicia para su hermana asesinada. Aunque se invitó a los Tasmanos, éstos no aparecieron... lo que era toda la prueba que necesitaba Cebador Del Wyrm.


     El orgulloso Ahroun formó una gran partida de guerra contra los Tasmanos. Uno a uno, los Tasmanos fueron cayendo hasta que el último murió bajo los dientes de Cebador Del Wyrm. Pero mientras estaba sobre el último cadáver, una suave voz llegó a sus oídos: era la voz de un Danzante de la Espiral Negra, cuya manada había asesinado a la hermana del Ahroun e impedido que los Tasmanos asintiesen al consejo. Enloquecido al darse cuenta de su error y el genocidio cometido, Cebador Del Wyrm se arrojó a una profunda cueva y no ha vuelto a saberse nada de él desde entonces.


     Aunque los Garou actuales conservan la esperanza de que unos pocos, aunque sólo fuese uno, de los Tasmanos consiguiesen escapar de la matanza, cada año que pasa lo hace más improbable. Los tótems del Tiempo Onírico se niegan a hablar con los europeos, y persisten las historias de Tasmanos fantasma que cazan a Garou vivos en la llanura. Parece difícil que los espíritus de Australia puedan perdonar alguna vez a los Garou esta terrible hazaña... eso si los Garou consiguiesen perdonarse a sí mismos.