RELATOS DE TERROR y MISTERIO

AUTORES NOVELES: Daniel Saborío
LA DANZA DE LOS CHANEQUES


"¡Adiós a los lectores de este testamento! Les dejo todas mis bendiciones y advertencias. ¡La noche no es lo mismo que el día... mucho menos en el campo! Arthur Crane (arqueólogo)."


Daniel Saborío.

"¿Por que te decepcionas de mi
si nunca he vivido para complacerte?"


     La noche se apoderó del camino y las penumbras me tomaban de las manos, decidí dormir bajo un árbol cómodo para mi espalda, los animales nocturnos entonaban sus respectivas baladas mientras yo dormía.


     De pronto desperté de un brinco aún era la noche, la madrugada mejor dicho la causa de romper mi sueño fue el sonido de unas agudas risitas de niño. ¡me alegré! Pues tal vez eran los hijos de algún campesino que estaba cerca y que comenzaba con sus labores antes de que el sol le sorprendiera, decidí aventurarme a buscarles, a pedirles ayuda, quizá un lugar más cómodo para dormir, su casa estaría cerca.


     Me levanté y caminé en la oscuridad tropezando con raíces y piedras que en las penumbras se me figuraban como tentáculos infernales o cráneos podridos. Llegué a un lugar en el cual se divisaba una fogata, me encaminé para encontrar a quien la había hecho, para pedirle ayuda, pero lo que encontré fue lo más atroz que haya visto en mi vida, lo más horripilante, no había campesino, no había niños; eran unas pequeñas cosas, monstruos, demonios o duendes del infierno que bailaban desnudos alrededor de la fogata, "El infierno" fue lo que pasó por mi cabeza al ver el espectáculo indeseado. Eran muy pequeños, no tenían genitales, cabezas enormes y calvas, pequeños ojos y narices arrugadas como de anciano, pero su comportamiento era infantil, brincaban, se empujaban, creo que se reían y se revolcaban.


     Satanás quiso que una de esas aberraciones me viera , que brincara y comenzara a emitir ruidos como de murciélago alertando a los demás, al ver esto con los ojos casi saliéndome de las cuencas comencé a lanzar gritos, alaridos y corrí lo más que pude, corrí hasta perder la noción del tiempo, pero me alcanzaron, me tumbaron trabándome los pies y ya en el suelo comenzaron a morderme con unos dientes pequeños y afiladísimos, trataba de tumbarlos, de patearlos pero capturaron mis extremidades y como hormigas comenzaron a devorar mi brazo izquierdo, me sentía fatal, no podía creer lo que estaba ocurriendo, de pronto de entre el cielo comenzaron a verse arreboles, era Helios que había despertado, a las aberraciones eso les afectó porque se echaron a correr emitiendo ruidos agudos, todos en caravana se perdieron en el campo. Me desmayé y entre mi debilidad, no sé cuántas horas después, vi a unos campesinos que me comenzaban a levantar, lo que supe después es que estaba en un hospital.


     Han pasado ya algunos meses de eso, ya me acostumbré a no tener brazo izquierdo y cicatrices varias en mi cuerpo, eso ya no importa... ¿saben qué es lo que me aterra, lo que hace que llore en las noches? Pues, hace unos días vi a uno de ellos mirándome por la ventana, estaba sonriendo y mostraba miles de dientes pequeños y afilados, se relamía la boca, vendrán por mi. Este relato es un testamento, mi legado es esta horrible historia, la cual dejo a todos los caminantes que queden varados en el campo, en algún campamento lejos de la ciudad, ¡cuidado! Pueden aparecer esas horribles criaturas y hacerles el mismo daño, o quizá peor. En el campo la noche es un portal mágico, las sombras se vuelven contra ti, si no estás preparado puedes morir.


     No permitiré ser ultrajado por esas criaturas, Dios y mi familia me disculparán, terminando esta hoja de papel, tomaré un veneno que he conservado conmigo, sumamente mortífero. Ya no puedo vivir con temor todas las noches, y desde que lo vi, ahí en la ventana ya ni siquiera puedo vivir en paz.