RELATOS DE TERROR y MISTERIO

AUTORES NOVELES: Antonio Jesús Muñoz
VENUS MADELEINE


     - Señor…señor! Venga, le mostraré cosas muy curiosas, quizás alguna sea de su agrado.


     Joseph Brown caminaba tranquilamente por aquella estrecha calle, cuando vio a aquel hombre delante de la puerta de una tienda. < Objetos curiosos> ponía en un pequeño cartel de madera colgado en un lado de la pared junto a la puerta de entrada. Aquella tarde llovía con fuerza sobre PolterTown.


     - Caballero, tengo cosas muy interesantes aquí adentro.- dijo aquel anciano con una melena gris a la altura de los hombros. Joseph siguió su camino, e inclinó su paraguas ocultando su rostro como una pared negra que ocultara su intimidad. Varias gotas de agua cayeron sobre su hombro derecho, mojando su traje oscuro.


     La calle medía un metro y medio de ancho, por veinte de largo. El suelo estaba cubierto por pequeñas piedras oscuras de las cuales algunas sobresalían de las otras, formando peligrosos "escalones". Una pequeña farola, situada en el centro de la calle, iluminaba el lugar con una lúgubre luz amarillenta. Joseph siguió su camino ignorando al anciano de la melena gris. La tienda estaba bajo la farola de la calle Mystery. A ambos lados, una hilera de casas abandonadas se erguían como árboles muertos en un bosque encantado. Oculto tras su paraguas y con su hombro derecho empapado, Joseph Brown siguió caminando por aquel lúgubre lugar ignorando al anciano.


     - caballero… venga, tengo cosas bastantes interesantes, quizás alguna sea de su agrado… entre aquí, no saldrá defraudado- dijo el hombre de la melena gris. Joseph decidió acelerar su paso, pero una flácida mano alargada y mortecina, lo agarró por el brazo izquierdo, haciendo que el paraguas que sujetaba se inclinara aún más.


     - No se asuste caballero, solo quiero mostrarle algunas cosas que serán de su agrado, no se arrepentirá- susurro el hombre de la mano blanca tras la tela negra y mojada del paraguas.


     Joseph enderezó el paraguas y vio la cara de aquel anciano. Bajo aquella melena gris miles de arrugas formaban un rostro blanquecino bastante siniestro. En aquel rostro, unos ojos negros lo miraban de forma curiosa, como si fuese la primera persona que veía desde hace años. Bajo aquellos extraños ojos, una nariz casi inexistente se abría y cerraba como si fuese las agallas de un pez. Boca de pez, eso es lo que vio Joseph en aquel anciano. Una pequeña boca redonda, que no concordaba con aquellos ojos.


     - Suélteme, que diablos pretende!- gritó Joseph. No quiero comprar nada, suélteme, tengo bastante prisa.


     - No tema señor, no voy hacerle daño, solo quiero enseñarle algo, algo que le gustará- dijo el señor boca de pez.


     Miró al anciano a los ojos, y vio que estos se movían en zigzag, como si mirase en todas las direcciones buscando algo que lo incomodara, pero no buscaba algo, ó si… buscaba sus ojos, los marrones ojos de Joseph, y los encontró. Claro que los encontró.


     - Pase…, tengo muchas cosas que ofrecerle- susurro el señor ojos negros. Joseph cerró su paraguas y entró en esa "tienda" bajo la luz de la farola. El señor Pez lo sujetaba aún por el brazo. Dejó el paraguas a un lado de la puerta, bajó dos escalones y se adentró en "Objetos curiosos".


     Nunca creyó que aquel lugar fuese tan grande, la fachada de la tienda era diminuta comparada con aquella tétrica sala. Era una habitación cuadrada iluminada por varias velas colocadas en el suelo y sobre varias mesas. El lugar estaba cubierto por estanterías repletas de libros de todos los tamaños y colores, incluso por alguna que otra tela de araña. En el frontal de la sala, había un pequeño mostrador oscuro precedido por dos enormes candelabros de bronce, los cuales sujetaban tres velas verdes de gran tamaño. El suelo era de vigas de maderas barnizadas, las cuales gritaban a gritos una pequeña mano de barniz urgentemente. Por favor.


     El señor boca de pez, que se presentó como Señor Volvinz, llevó a Joseph hacía el pequeño mostrador. Una vez que llegaron, Volvinz se colocó detrás, dejando a Joseph frente a el.


     - ¿Qué es lo que quiere mostrarme señor Volvinz?- preguntó mirándole a los ojos fijamente.


     - ¿Qué es lo que quiere que le muestre señor Brown?- susurró Volvinz con su extraño zigzag en sus ojos negros. Usted busca algo para su esposa, ¿no es así?


     - Mi esposa…. Si claro. Maña es nuestro aniversario de bodas y salí esta tarde para buscarle un regalo. Un regalo. Un regalo.


     - Perfecto señor Brown. No hay nada más bello en el mundo que un regalo a la mujer que amas… y… dígame señor Brown… ¿A encontrado algo para ella en algún otro sitio? Dijo el señor boca de pez.


     - Si. Le he comprado un collar con un pequeño diamante blanco, lo tengo aquí- Joseph buscó en el bolsillo derecho de su chaqueta, y sacó un pequeño objeto envuelto en papel de regalo, algo mojado por la lluvia.


     - OH, valla, un diamante blanco…, que barbaridad. Le ha debido costar una fortuna señor Brown.- El señor boca de pez movía sus manos blancas como si fuese un niño que está a punto de devorar una tarta.


     - Si, me ha costado una fortuna- dijo Joseph mientras miraba los ojos negros de Volvinz.


     - Y… ¿Qué le parece esto? Volvinz mostró a Joseph un extraño collar. Era una enorme lágrima de "cristal" con una cadena de platino con eslabones entrecruzados. Un fugaz reflejo procedente de aquel cristal, se introdujo en los ojos de Joseph como si fuese un rayo cegador. Joseph cerró los ojos y cedió varios pasos tropezando con uno de los candelabros de bronce. Volvinz se encaminó hacia él desde detrás del mostrador, sujetando en sus manos aquel collar.


     -¿No prefiere este señor Brown?..., este es mucho mejor que el que ha comprado. Este será el regalo perfecto para su esposa. Es una autentica maravilla. Volvinz andaba muy despacio, como si sus endebles piernas estuviesen apunto de flaquear derribándolo al suelo.


     Joseph miró a su alrededor y puso cara de confuso, incluso diré que puso cara de terror al verse en aquel lugar. Miró al mostrador, y allí vio el regalo que había comprado para su mujer. Ese diamante que le había costado más de 3000 euros.


     - Vamos Joseph, levántese de ahí hombre, el suelo no es lugar para hacer negocios- Volvinz estaba justo delante de él. Su cara había cambiado extrañamente. Sus arrugas habían aumentado de forma considerable, sus ojos negros eran enormes cuencas vacías inertes, y las manos que sujetaban la lágrima de "cristal", eran dos enormes muñones negros con dos garras como si fuese un escorpión.


     - ¿Quién diablos es usted?- gritó Joseph mientras miraba en derredor en busca de una salida urgentemente. Joseph con su metro ochenta y sus 82 kilos, parecía un bebe tendido en esa posición en el suelo de madera de < Objetos Curiosos>.


     Volvinz se agachó con dificultad y agarró a Joseph por el mismo brazo que anteriormente. Joseph lo miró con cara de terror, se fijó en las cuencas vacías de sus ojos y sintió como un extraño reflejo le invadía su cerebro. Justo antes de perder el sentido de la realidad, Joseph vio detrás del mostrador donde antes estaba Volvinz, una mujer de cabellos negros y ojos oscuros. Esta mujer llevaba un traje blanco, parecido al de una novia, pero lo que más aterrorizó a Joseph antes de irse al limbo, fue la enorme hilera de colmillos blancos que la mujer dejó a la vista en una sonrisa escalofriante. Volvinz, volvió a su lugar como dependiente, y Joseph ocupó su lugar de cliente en busca de un regalo para su querida esposa.


     - A cambio de su diamante, Yo le entrego este collar. Es un zafiro blanco, llamado Venus. Estoy seguro que a su mujer le encantará este regalo.- Dijo Volvinz que había vuelto a tener sus ojos negros moviéndose en zigzag, y su pequeña boca de pez.


     - Muchas gracias señor Volvinz, es un regalo magnifico. Estoy seguro que a Mary le encantará.- dijo Joseph con una sonrisa maquiavélica.


     - No lo dudes, es una joya muy valiosa… tiene miles de años, y su valor es incalculable amigo mío


     - Es preciosa-. Joseph sujetaba el collar entre sus manos, cuando Volvinz agarró con su mano blanca el zafiro quedando oculto. - Recuerde una cosa amigo mío… no debe reflejarse la luz en él. De lo contrario pasaran cosas muy desagradables para usted amigo mío. Volvinz quitó el collar a Joseph y lo introdujo en una cajita de madera negra en cuya tapa podían leerse dos iniciales: VM, en un color dorado. Tapó la cajita y la entregó a Joseph con una reverencia muy extraña.- Madeleine estará muy agradecida por su colaboración amigo mío- susurro el señor Escorpión.


     - Madeleine…. Bonito nombre- susurro Joseph Brown.


     - Y bella dama de las tinieblas que espera ansiosa su vuelta a la vida amigo mío… usted la salvará… y ella, se lo agradecerá para siempre.


     - Me lo agradecerá para siempre- murmuró el hombre que encontró el regalo perfecto para su querida esposa.


     Afuera en el exterior, un enorme relámpago ilumino el interior de la tienda.


     - Vaya usted con Dios amigo mío, y recuerde que si no le gusta, podrá descambiarlo por lo que usted quiera… lo que usted quiera amigo mío comentó Volvinz con sonrisa mortecina.


     Joseph Brown salió de aquel oscuro callejón. Caminó casi media hora con el paraguas abierto sobre su cabeza, y esta inclinada hacia delante como si contara las lozas del suelo. Tropezó con varias personas que se cruzaron en su camino, pero el no prestó importancia a los insultos que le dedicaban con tanto cariño aquellos transeúntes. Poco después montó en su coche blanco, y se dirigió hacia su casa. Durante aquel corto viaje, la cabeza de Joseph Brown era un autentico hervidero de pensamientos imposibles. Unos pensamientos que martilleaban su subconsciente, haciendo que este se revelara contra él.


     ¿Qué has hecho?... ¿De donde vienes?.... ¿Qué has comprado?... ¿Quien es Madeleine?...... ¿Volvinz?.... ¿Objetos curiosos?.... Unas fuertes luces blancas se clavaron en sus ojos, unas luces que atravesaron el coche y se introdujeron en su cabeza como una fuerte explosión….


     Cuando abrió los ojos, Joseph Brown se vio tendido en una cama blanca, con unas sabanas blancas y en una habitación blanca. Tenía medio cuerpo desnudo. Un ruido de respiración artificial le bombeaba la cabeza. Miro hacia la izquierda y vio una ventana, con unas cortinas blancas. Junto a la ventana había un diván rojo en el cual se hallaba una mujer tumbada con una melena negra muy pronunciada. Miró a la derecha y contempló una extraña máquina en forma de acordeón que se abría y cerraba, había otra, como una especie de pantalla, en la cual estaban emitiendo una película de rayas verdes moviéndose de arriba a bajo muy rápidamente. Estaba mareado y fatigado. Su torso estaba al descubierto y en él, varios chupones se agarraban a su piel. Estos chupones estaban conectados a la pantalla que estaba emitiendo aquella extraña película extraterrestre. Su cabeza estaba apunto de estallar, levantó el brazo derecho para llevarse la mano a la cabeza, pero un extraño dolor se lo impidió. Tenía un catéter en el brazo conectado a una botella colgada de un perchero plateado bastante curioso. Levantó el otro brazo, y este consiguió su objetivo. Su cabeza estaba cubierta con un vendaje rasposo y muy desagradable.


     - Joseph, cariño…. Has despertado- dijo la mujer del Diván. Le molestaba la luz, tanto como aquel terrible dolor de cabeza.


     -¿Quién eres?... ¿Qué me ha pasado?- dijo Joseph.


     - Tuviste un accidente. Gracias a Dios que estas bien.



     -¿Quién eres tú?

     -Cariño, no me conoces… soy Mary-Dijo la mujer de la melena negra.


     -Mary, Mary… ¿Qué te has hecho en el pelo?


     -Estaba cansada del rubio, me lo he teñido de negro… ¿no te gusta Joseph?- preguntó ella, tocándose la melena.


     -Cuanto tiempo llevo aquí?-.


     - Un mes y una semana cariño. Gracias a Dios que estas mejor.


     -¿Qué pasó?- preguntó Brown casi con histeria.


     Chocaste contra otro coche… el otro conductor murió en el acto… pero ahora debes preocuparte de ti….


     Mary se levantó del Diván y se recostó junto a Joseph en la cama de aquel hospital. Lo ayudó a sentarse sobre la cama y le dio un beso en la mejilla sonrosada.


     -¿No deberías llamar a un médico Mary?


     -- Tranquilo cariño, estas bien, y eso es lo importante, ya vendrá algún médico y hablare cara a cara con él.


     Joseph miró a su mujer, y vio que algo había cambiado en ella, algo más que aquella melena negra tan extraña que poseía. Sus ojos no eran los mismos, ni su piel… parecía como si fuese otra mujer en vez de su querida Mary.


     Joseph, tenía ahora una mayor panorámica de la habitación en la que se encontraba. Aparte de todos los instrumento que vio al despertarse, vio algo más que le produjo un terror descomunal, haciendo que su dolor de cabeza se transformara en autentico dolor inhumano. Debajo de la cama donde se encontraba, asomaban unos pies de mujer con unos zancos blancos de enfermera. Una enorme hilera de sangre bajaba de una de las piernas y desembocaban en un charco de sangre sobre las lozas verdes del suelo.


     Detrás del Diván Rojo asomaba medio cuerpo de un hombre de mediana edad. Llevaba una bata blanca y el pecho al descubierto y en su cuello, una enorme grieta se abría en canal emanando un líquido viscoso entre rojizo y amarillento. Su cara estaba morada y sus ojos fuera de orbita.


     Joseph miró hacía la puerta que estaba enfrente suya, y vio que un enorme charco de sangre salía desde debajo de la puerta. Tras ella, alguien estaría desangrándose.


     En la habitación, solo se oía el ruido de aquel extraño acordeón el cual se parecía al sonido de una persona al respirar. Pero esa respiración que oía Joseph, no era del acordeón, si no de él mismo. Su ahogada y terrorífica respiración al descubrir aquello.


     -M M Maryy…, Que ha pasado aquí?- dijo con la respiración entrecortada. .


     Joseph seguía mirando el charco de sangre que salía desde detrás de la puerta de la habitación. Su mano se agarraba a el brazo de Mary casi apretándolo, pero lo soltó de inmediato, cuando notó que sus dedos estaban apunto de quedárseles congelados. Apartó la mirada de la puerta, y la dirigió hacía su esposa, junto a él.


     - ¿Qué ha pasado aquí Mary?- dijo intentando ponerse erguido en aquella cama y mirando a su esposa.


     - Tranquilízate Joseph, no ha ocurrido nada.. ¿Qué te pasa?... dijo Mary como si nada estuviese pasando.


     Joseph Brown, miró el cuello de su mujer, y vio algo que le hizo estremecer. Durante aquel tiempo de letargo en el que estuvo durante un mes y algo, tuvo una pesadilla que se repetía una y otra vez. Una pesadilla que ahora se hacia realidad y confirmaba el temor de Joseph por aquel extraño collar de zafiro blanco, que un viejo le entregaba de forma misteriosa.


     -¿Qué es eso?- dijo señalando al collar que llevaba su mujer


     - OH, lo siento Joseph, esto me lo entregó la policía. Dijeron que lo hallaron en el bolsillo de tu chaqueta, no he querido abrirlo hasta que te recuperaras, pero he sido muy impaciente, no he podido aguantar más, y ayer por la tarde lo abrí… es precioso Joseph.


     Era el mismo, era el collar de zafiro blanco… ¿Cómo dijo que se llamaba?...si. Venus. OH Dios mío, no es una pesadilla, es real… ¿ó no?...


     -Es precioso Joseph, Precioso…..La cara de Mary se transformó en un segundo en un ser diabólico. Era un rostro de mujer desfigurada, tenía unos enormes ojos rojos, la piel era blanca y mortecina, y una enorme boca llenas de colmillos se acercaban a Joseph Brown, quedando este paralizado por el terror, con un único pensamiento en su cerebro….


     ¿Yo he visto antes a esta mujer?...


     La mujer de cabellos negros, hundía sus afilados colmillos en la garganta de Joseph Brown, este, aun con poca lucidez recordaba aquellas palabras oídas en algún sitio del cual en ese momento no se acordaba…se lo agradecerá para siempre… ¿Había oído eso en realidad, ó era lo que querían que oyera?


     Joseph sintió un horrible dolor en su garganta, y notó como un líquido caliente se deslizaba por su piel hasta su pecho…. Dios mío, el collar era su puerta. El zafiro blanco. Venus. Madeleine. ¿Quien eres?..... Joseph Brown, se hundió en la oscuridad.


F I N


A.J.M.